
Mi mano de la tuya se ha soltado
y no es fuerza extraña sino las mías
que aún viendo en la cruz tus agonías
oculto a tu vista abrazo el pecado.
Mas de tus ojos oculto no he estado,
presto han caído lisonjas vacías
y en viéndome hundirme en tierras baldías
tus ojos benditos por mí han llorado.
Y apenas mi rostro vuelto a mirarte
y hallándote en vela por mí esperando
querello a mi corazón por no amarte.
Mas no se puede amar sino entregando
y por ti movido vengo a ofrendarte
que no he de bien amarte sino luchando.
Marcelo R.
Mas no se puede amar sino entregando...
ResponderEliminarA veces, dudo y en la duda me flagelo,
no quiero dudar,
no quiero que dudes,
sabed, Señor ¡cuanto os quiero!.
Un saludo.
Gracias por tu visita y comentario.
ResponderEliminarSaludos!